¿Es una aseveración acérrima, elitista, pretensiosa, desmesurada?; nada que ver, es verídico, demostrable, fidedigno e irrebatible, tanto así como un documento histórico, sometido a varios estudios que convergen a la misma conclusión. La música sufrió una de sus grandes castraciones, secularizaciones en las puertas de las 80. Los 70, la época dorada del rock, se edulcoro a un nivel de promiscuidad degenerativa, se dejo ultrajar de las nuevas tendencias; el virtuosismo de las bandas, los álbumes conceptuales, el LSD, la psicodelia, la estrecha relación que se empezó a forjar entre el rock y la música clásica, el acid jazz…se convirtió en una apostasía de la década entrante, que esbozaba el punk en las esquinas, la música disco, lo simple e insustancial pero efectivo en las radios, castro por completo a las grandes bandas de los 70; bandas que antes rayaban la perfección de la percepción auditiva y visual, no sabían qué hacer, su música no vendía en los 80, podían ser forajidos de las grandes disqueras, o vender su alma a los demonios fachosos del pop, new wave; ¿si sería necesario?.
Lamentablemente, esa genialidad setentera que desafiaba toda sistematización evolutiva, era el pico de creatividad y perfección del rock. Bandas de rock psicodélico, músicos altamente experimentados salidos de academias donde compaginaban la música de Chopin, Mahler, Mussorgski, Rachmaninov, con la vertiente creativa impuesto por The Beatles o Rolling Stones, que más se le podía pedir a la vida. Era un pacto celestial, música que los dioses no asimilaban, y los críticos querían desdeñar por su complejidad e incomprensión y anticonsumo que no beneficiaba el mercado musical anodino agigantado; pues fuera de todo pronóstico, salen los discos de YES, King Crimson, Pink Floyd, Genesis, Emerson Lake and Palmer, Jethro Tull…, lirismo surreal, revolucionario, excelso de belleza, riffs infinitos, acordes inmortales, registros de voz imposibles, punteos celestiales, mellotrones, violines, saxofones, órganos híbridos de Jerry Lee Lewis y Mozart, discos con solo 3 cortes, obras del siglo XVIII versionadas por genios hacia el enfoque rockero teñido de jazz; después de la euforia y la época más perfecta llegan los 80…
Los 80 definen claramente, el porqué, de los malos años venideros y la mediocridad, aunque su apogeo fue mundial, y el rock progresivo paso a un plano más esotérico casi al exterminio, es la principal razón de la mediocridad actual, que no desazonare, porque parece que a todo el mundo le agrada el rumbo de las canciones de 3 minutos, las letras sobre novias psicóticas, las pistas de baile en apogeo, la reivindicación de lo banal y mundano apareándose con la sociedad pérfida, si el mundo se estaba echando a perder, las revoluciones de vieja usanza a olvidarse, los muros de los poetas muertos a corroerse, los libros a empolvarse, la discriminación a florecer, la manipulación mediática del pensamiento a ponerse de moda; entonces, por qué no debería estar igual de jodida la música, admitiré que ocurrieron algunos borrascas de talento e innovación en los 90 pero que se masacrarían de igual forma que los 80 lo hicieron con los 70, pero esta vez en manos del nuevo milenio.
Así que no es de asustarse, cuando se encuentren a menudo con la frase dictatorial “ROCK IS DEAD”, porque así es, es mejor asimilarlo de una vez, secarnos las lagrimas y aprovechar esos viejos vinilos como maquinas del tiempo perennes
Una de las canciones más épicas de YES, todo un himno del rock que todo el mundo debería escuchar antes de morir, o bueno al menos los 2 o 3 mojigatos que me estén leyendo.
Nadie conocía a King Crimson, solo sabían que iban a ser los teloneros de los Rolling; mucha gente se le olvido lo que hizo Jagger y Richards, no se quitaban de la cabeza lo que habían presenciado.
El Zeus, Poseidón y Hades del rock progresivo, en la versión Woodstock ingles.
No necesito decir nada, en este apartado.
Ahí les queda la inquietud
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